| Liberación sin condiciones |

Hernán Padilla |
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El padecimiento del profesor Gustavo Moncayo y de los parientes de todos los secuestrados debe terminar ya.
Más de un mes después del anunció de la liberación del cabo del Ejército Pablo Emilio Moncayo, la esperanza del reencuentro con sus familiares parece haberse enredado. Las Farc establecieron condiciones que el Gobierno no ha querido aceptar ni aceptará nunca seguramente. Queda entonces clamar, no al presidente sino a la propia guerrilla, para que cumpla su promesa sin condiciones. No conocemos al señor Cano, pero tenemos entendido por el registro que han hecho otros medios, que el nuevo jefe político de esa fuerza insurgente pertenece a una línea intelectual en la que otra postura es posible.
Lejos está Cano de su antecesor, el célebre Manuel Marulanda Vélez, para quien las armas constituían el único camino viable. Pero Cano es, si se quiere, mucho más sensible y abierto al diálogo. Por lo menos eso es lo que se deduce de la información que han difundido quienes se han entrevistado con este hombre. Nos parece que de otra manera las Farc estarían incurriendo en la misma conducta que ha asumido el señor Uribe Vélez, la cual ha truncado hasta ahora el retorno del suboficial Moncayo.
Terquedad e intransigencia no funcionan a la hora de hablar de vidas humanas. Aquí alguien tiene que ceder y creemos que es más fácil que lo hagan las Farc, puesto que por lo que ha demostrado el señor Uribe Vélez en el pasado, no dará su brazo a torcer, al fin y al cabo no son sus vástagos los que están sufriendo los dramas del secuestro ni es él quien ha tenido que encadenarse y recorrer el país de extremo a extremo para que el mundo no olvide que su hijo permanece en lo oscuro de la selva desde hace más de once años. Es que bien dicen que “el que tiene no sabe lo qué es aguantar hambre”. Entonces, por ese lado, las posibilidades son nulas. Pero el señor Cano sí le puede dar un viraje al asunto de 360 grados.
Cano se puede reivindicar con el país. Cano puede terminar de una vez por todas con el dolor que padecen los familiares de Moncayo y de todos los secuestrados, pero además también le puede poner fin a esta guerra de 60 años, que triste y dolorosamente se ha acentuado aún más en la última década. Señor Cano, los colombianos añoramos la paz, soñamos con un país diferente para nuestros hijos y nietos. Creemos que nos merecemos un futuro más amble. A lo largo de todo este tiempo de conflicto inútil han corrido muchos ríos de sangre y de lágrimas. Familias y poblaciones enteras han sido borradas del mapa. Tenemos un presidente guerrerista, que, mientras existan las Farc como grupo armado, se perpetuará en el poder. Señor Cano, en sus manos se encuentran prácticamente los destinos de Colombia. En un gesto honroso y de paz, dé la orden de liberar a Moncayo, y demás secuestrados, de ese suplicio en que se encuentran ellos y sus familia.
La sociedad civil le agradecerá por siempre una muestra de nobleza, que puede ser el camino hacia esa Colombia que tanto deseamos. Su nombre aparecerá entonces inscrito en la Historia del país. Usted se encuentra frente a la posibilidad más grande que ha tenido un colombiano de convertirse en el mayor pacifista de todos los tiempos. Renunciar a las armas no significa renunciar a los ideales. Seguramente la patria le abrirá los escenarios necesarios para que exponga sus pensamientos con la misma libertad de la que tendríamos que disfrutar todos los colombianos. Adelante. Dé el primer paso. Liberen a Moncayo sin condiciones.
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