No reversar el pico
y placa |

Hernán Padilla |
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Como ciudadanos del montón que somos, hemos tenido que sufrir todos los rigores de una economía tradicionalmente proyectada para favorecer a los ricos, que es de lo único por lo que se han preocupado siempre los inquilinos de la Casa de Nariño, más unos que otros, verbi gracia su actual ocupante.
Ese estrangulamiento al que hemos sido sometidos y del que difícilmente saldremos, en especial quienes estamos subiendo (¿o bajando?) los últimos peldaños, nos ha enseñado a vivir con resignación, a arreglárnoslas sin cinco en el bolsillo, a comer sólo cuando hay, a reventarnos para pagar lo de los servicios (como sea), a desplazar a un segundo plano la salud, el vestuario, la vivienda y la educación, a olvidarnos –por supuesto- de la palabra diversión, lo que significa cero cines, cero paseos, cero helados, cero compras y cero muchas cosas, porque no hay con qué.
Por eso no comprendemos los argumentos de los comerciantes de Bogotá que quieren achacarle al Pico y Placa los bajones que vienen registrando en las ventas. Y no es que no les creamos. Seguramente sus cajas registradoras ya no se llenan como antes, pero la razón de fondo no es la medida adoptada por el Alcalde Mayor Samuel Moreno Rojas en un intento por remediar el caos vehicular que por años ha imperado en la capital de la República, como resultado de la falta de planeación de varios de sus antecesores y de viejas prácticas clientelistas con transportadores, proveedores de hidrocarburos, importadores de autopartes y todos aquellos que giran alrededor de ese sector.
A quien debe reclamarle el comercio de la ciudad –y del país- es a papá Uribe, que ha logrado ensanchar dramáticamente la franja de pobreza, acabar con la clase media, exterminar centenares de empresas, incrementar los impuestos como nunca antes, tolerar los abusos de las empresas prestadoras de servicios públicos, facilitarle a la banca los atropellos contra la ciudadanía y un rosario de situaciones que hoy nos tienen a los colombianos como estamos: ¡en la olla!
Esa es la raíz de todo. El pico y placa que le impuso el señor Presidente a la economía popular y que a muchos únicamente les permite tanquear el estómago dos veces a la semana, sin exagerar. Y qué pena, amigos comerciantes, pero es que el que puede comprar, no todos los días estrena colchón o zapatos o vestido.
El que va adquirir un producto y tiene carro, sencillamente se puede aguantar las ganas para hacerlo al otro día. Es más, le favorece, porque se va a encontrar con unas calles más tranquilas, menos congestionadas, más seguras, menos contaminadas.
El camino más fácil, claro, es inculpar a nuestro Alcalde –que lo viene haciendo bien, pese a la oposición de sus vecinos de barrio-; pero es que, ¿quiénes están detrás de todo eso? Pues los concejales y los ediles y senadores y los representantes a la Cámara que cuentan con el apoyo de los comerciantes en sus campañas y que en gratitud se prestan para el jueguito de echarle toda el agua sucia a Samuel. La famosa fórmula de devolver favores.
Nos encontramos a las puertas de unos nuevos comicios, mejor dicho, de una nueva guerra de desprestigio, de ultrajes y de sandeces, que es lo que ha caracterizado a nuestros políticos en este tipo de contiendas. Menos mal que antes comíamos cuento, pero ahora nos divertimos con ese gran circo que monta nuestra clase dirigente.
Entonces no perdamos de vista que quienes se oponen al Pico y Placa en su inmensa mayoría hacen parte de ese circo; se trata de los mismos abejas de siempre, a quienes todo les parece malo, no hay alcalde que sirva (en especial si es del Polo) y son capaces de cambiar a la mamá por un plato de lentejas, con tal de sacarle partido y votos a cualquier situación.
A nosotros nos parece que el Pico y Placa establecido por esta Administración ha funcionado perfectamente; ahora es más fácil desplazarse por cualquier vía, incluidas algunas que eran verdaderamente caóticas; se respira mejor aire; se disfruta más la ciudad. Por esa razón, aplaudimos la medida.
Estamos seguros de que los monitoreos que viene ejerciendo la Secretaría de Movilidad permitirán identificar y corregir falencias; la Administración no es sorda. El Alcalde estableció mesas de trabajo –en las que hay representación del comercio-. Esas mesas son como el termómetro del Pico y Placa y son las que permitirán conocer en detalle qué hay que ajustar y qué no.
El secretario de Movilidad, Fernando Álvarez Morales, no es un aparecido. Se trata de un personaje con una intachable hoja de vida. Un académico y estudioso de las problemáticas sociales, que sabe para dónde va y que no dará su brazo a torcer porque sí, como quieren algunos.
De ser necesario, el Alcalde Mayor reversará el Pico y Placa, pero en su debido momento y no empujado por presiones electoreras. Darle un viraje a la dinámica de la ciudad, embellecerla, dotarla de nueva infraestructura, demanda un sacrificio de todas y todos. Y estamos dispuestos a pagarlo.
Pero que no se aprovechen ciertos politiqueros que quieren pescar en río revuelto. Hay que recordar que al caos económico generado por Uribe con sus drásticas medidas para alimentar la guerra, también se suma la crisis que sacude al mundo y de la cual no puede escapar Colombia, por más que el alto Gobierno se niegue a aceptarlo, en una terca postura para demostrar que aquí, en el país del Sagrado Corazón todo está bien, que aquí no pasa nada, que aquí no hay pobres, como si con eso comieran los que no tienen.
¿Qué los talleres ya no se llenan como antes? Buen síntoma, eso quiere decir que el Pico y Placa también ha reducido la accidentalidad o por lo menos los choques que con frecuencia se presentaban como resultado de esas vías atestadas de vehículos, que estresaban a todo el mundo. Seguramente la salud también mejorará, no porque las entidades encargadas de prestar este servicio hayan mejorado, sino como el resultado de una reducción en los niveles de contaminación y del bajón en los índices de estrés que genera el conducir en una ciudad caótica.
La medida es buena. Muy buena. Ya se están viendo los primeros resultados y vendrán más. Hablamos de resultados positivos. Nosotros apoyamos el Pico y Placa. Respaldamos a Samuel. Y rechazamos a los avivatos que se quieren sostener en sus curules o llegar a ellas denigrando de un trabajo serio como el emprendido por el Alcalde y su equipo, que todo lo que buscan es convertir en realidad la Bogotá Positiva que todos queremos, añoramos y necesitamos.
A propósito del bajón en las ventas del comercio organizado, me comenta un amigo que tiene un negocio de lencería en la ciudad de Villavicencio, que el promedio diario en ventas que tenía hasta hace dos meses de un millón de pesos, ahora se reduce a cien o doscientos mil pesitos.
Yo me pregunto: ¿Será que Samuel Moreno tiene algo que ver con ésto?
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