Editorial
¿QUÉ PASA ALCALDE?
No es un secreto |

Hernán Padilla |
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Los medios de comunicación comunitaria no comulgamos con las evasivas de los jerarcas de prensa del Palacio Liévano ni con la frase lastimera con que siempre nos sacan de taquito: “Ahí les vamos a colaborar con algo”. Es una actitud grosera y humillante. No estamos pidiendo limosna, simplemente que se cumplan los acuerdos que regulan el manejo de la pauta en las diferentes esferas de la administración distrital… y, claro, un mínimo de consideración y respeto por parte de quienes al parecer tienen como oficio mamarnos gallo.
No es un secreto. Golpe de Opinión ha sido -como pocos- un férreo defensor del alcalde Samuel Moreno Rojas. Lo hemos hecho por convicción, y porque nos parece un colombiano honesto y comprometido con la ciudad, con todo y la andanada de críticas de la oposición e incluso de varios miembros de su bancada. Tampoco buscando favoritismos. No es necesario. Pese a las dificultades económicas que nos apalean, pequeñas, medianas y grandes empresas han creído en nosotros, permitiéndonos circular sagradamente cada mes, desde hace 17 años. Este es un verdadero privilegio: No siempre resulta fácil persuadir a nuestros patrocinadores.
Conocedor de esas peripecias por las que tenemos que pasar los medios alternativos, Lucho Garzón no dudó de apoyarnos, a tal punto que el sector se fortaleció como nunca, sin perder su independencia. Por primera vez, bajo el gobierno de nuestro ahora precandidato a la Presidencia, muchos colegas empíricos lograron acceder a una universidad y obtener un cartón, también constituirse en una gran mesa distrital de comunicación y observar entre regocijados e incrédulos cómo la administración legislaba en torno a una política equitativa de distribución de recursos para que ningún periódico, emisora o televisión de barrio dejara de existir por falta de dinero.
Claro, eran los tiempos de la Bogotá sin Indiferencia, que asumimos se prolongarían en la Bogotá Positiva. Pero no ha ocurrido así. Ahora, en la Alcaldía Mayor nos toman del pelo cada vez que vamos a tocar esa puerta. Nos salen con evasivas, nos maltratan y esgrimen todo tipo de disculpas. Y cuando se dignan tirarle a alguien un avisito, no tienen en cuenta unos criterios mínimos, como la antigüedad, calidad y seriedad del medio (nos miden a todos con la misma vara), imponiendo tarifas a su antojo con el cuento de que el presupuesto para este tema es irrisorio. Qué tristeza que el señor Andrés Rojas y su equipo hayan decidido arrasar a pupitrazo limpio con un proceso que a la anterior administración y a los medios comunitarios nos tomó muchos años construir y afinar conjuntamente. Y nos duele mucho más la arrogancia con la que se dirigen a nosotros. El ímpetu con que responden a nuestras solicitudes. La banalidad de sus comentarios. No parecen colegas nuestros. Y como funcionarios públicos que son, dejan la impresión de haber perdido el rumbo, si lo tuvieron en algún momento.
Es que, por ejemplo, cómo es posible que nos hablen de que todavía están en empalme y de que apenas se está retomando el tema de pauta, ¡año y medio después! Eso es insólito, pero explica en buena parte por qué a pesar de que el Alcalde se esmera por sacar adelante su plan de gobierno, la ciudadanía del común no se entera de nada de lo que hace, debido a que su equipo de prensa se quedó en enero de 2008 y no ha despegado. Por eso los vacíos en materia informativa. Por eso los bogotanos prácticamente tenemos que adivinar lo que la administración hace, ya que los comunicadores del viejo edificio Liévano están dando palos de ciego.
Suerte para nosotros que lo mismo no ocurre en otras entidades del Distrito donde el profesionalismo de los jefes de prensa nos ha permitido un diálogo cordial y una relación positiva, más amable y ceñida a los acuerdos entre la Administración y los medios de comunicación comunitaria. Pero nos preguntamos: ¿por qué si los hijos pueden, el papá no?
Muy querido Alcalde Samuel, usted siempre seguirá siendo de nuestros afectos. Su tarea no se puede empañar por la ineptitud de unos pocos. Las páginas de nuestro periódico continuarán registrando todas sus buenas acciones. Pero por favor, mire a ver si don Andrés y su gente cambian de parecer. Un consejo, aun cuando usted ya lo sabe, de nada sirve trabajar si dejamos la información entre la gaveta de un escritorio. Y una que otra campañita en nuestros medios no le caen nada mal, por el contrario, lo van fortalecer en su complicada, y ya cuestionada administración.
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