| DOS GOTAS DE AGUA |

Hernán Padilla |
|
Uno de extrema derecha y otro de extrema izquierda. Dos mitómanos compulsivos que se hacen los locos ante los resultados nefastos de sus gobiernos.
Pero una cosa es hacerse el loco y otra ser loco de verdad al creerse y querer que los demás les crean que son los únicos que tienen derecho y pueden salvar nuestros países, cuando la realidad demuestra todo lo contrario, pues es palpable que nuestra dos naciones hermanas van en forma muy acelerada hacia el caos y la anarquía.
Creo que la situación es clara y ustedes, de sobra, saben de qué se trata.
No es nada nuevo en la historia. Recordemos a Franco, Hitler, Mussolini, entre otros, que con su ímpetu y espíritus guerreristas, supieron conquistar inicialmente los corazones del pueblo y posteriormente llevaron sus naciones al desorden y la destrucción.
Debido a que en este tema sigue teniendo actualidad el escrito brillante del maestro Bertrand Russell, lo transcribo a continuación.
Russell, filósofo, matemático y escritor británico, fue un conocido pacifista durante la Primera Guerra Mundial, aunque se manifestó a favor de tomar acciones bélicas durante la Segunda Guerra Mundial, alegando que un mundo en donde el fascismo fuera la ideología reinante sería un mundo en donde lo mejor de la civilización habría muerto y no valdría la pena vivir.
“La aspiración de Prometeo era la de servir a la humanidad.
Sus colegas modernos sirven a las pasiones de la humanidad pero solo en la medida en que esas pasiones son locas y destructivas.
En el mundo moderno los hombres inteligentes están en los laboratorios y los locos están en el poder. Los hombres inteligentes son esclavos como los genios de Las mil y una noche.
La humanidad colectivamente bajo la dirección de los locos y gracias a la ingenuidad de los esclavos inteligentes, está dedicada a la gran tarea de preparar su propia exterminación. No puedo por menos, pensar que si los hombres que están en el poder estuvieran impregnados con el sentido de la historia encontrarían un medio de evitar la catástrofe que todos vemos aproximarse y que nadie desea.
Pues la historia no es solo un relato sobre esta o aquella nación, su tema es el Hombre, ese extraño producto de la evolución, que ha llegado por medio de la técnica a dominar todas las formas de la vida, e incluso, con gran peligro para él mismo, las fuerzas de la naturaleza inanimada. PERO EL HOMBRE, A PESAR DE SU INTELIGENCIA, NO HA LOGRADO APRENDER QUE LA FAMILIA HUMANA ES UNA SOLA.
Aunque ha abolido la ley de la selva, todavía permite que se gobierne con la ley de la selva. Casi no tiene el sentido de las tareas comunes de la humanidad, de sus realizaciones en el pasado y de sus posibles realizaciones, más grandiosas aun, en el futuro. Considera a su prójimo no como un colaborador en una empresa común, sino como un enemigo al que hay que matar antes de que mate. Sea el que sea su partido o su secta, cree que entraña la sabiduría suma y eterna, y que el partido opuesto, representa la total y absoluta demencia.
Para cualquier persona que tenga alguna cultura histórica, semejante criterio es absurdo. Ninguna parte de la humanidad fue en el pasado tan buena como creyó serlo, ni tan mala como era considerada por sus enemigos. Con todo, en el pasado la humanidad podía llevar a cabo sus empresas comunes a pesar de sus luchas, más o menos rengueando y con retrocesos temporales desastrosos. En nuestra época el conocimiento técnico solo puede ser compatible con la supervivencia si se le añade una nueva sabiduría. Esa nueva sabiduría que se necesita solo es nueva en un sentido: en que debe dirigirse a masas de hombres y, sobre todo, a los que detentan un gran poder. No lo es, en cambio, que no haya sido proclamada ya con anterioridad.
Fue proclamada por los sabios, durante siglos, pero su sabiduría no fue escuchada. Hoy en día, ha pasado la hora en que esa sabiduría pueda ser considerada como un inútil sueño de visionarios. Algunas veces, en las que más oprimido me siento, ante el temor de un desastre cercano, estoy tentado a creer que el mundo necesita de un profeta que proclame, con voz de trueno y a la vez, con la compasión más profunda, que el camino que sigue la humanidad es un camino falso -el camino que lleva a la muerte de nuestros hijos y a la extinción de toda esperanza- pero, que existe otro, y los hombres lo pueden seguir si lo desean, y este otro camino los llevará a un mundo mejor de lo que fue cualquier otro del pasado.
Pero, aunque la visión de ese profeta puede proporcionar un consuelo momentáneo... lo que el mundo necesita es algo más difícil, más raro. El mundo no puede ser salvado por la acción de un solo individuo por grande y elocuente que sea. Solo puede salvarse cuando los dirigentes y los que los siguen, sean conscientes de que han estado persiguiendo un fuego fatuo, que únicamente les lleva hacia una muerte ignominiosa en una charca de odio inútil.
La locura colectiva no es aun completamente universal. Algunas naciones permanecen por completo, al margen de ellas. Otras, son solo parcialmente sus víctimas. No es aun demasiado tarde para esperar que la humanidad pueda tener un futuro, como ha tenido un pasado. Creo que si los hombres quieren sentir esa esperanza con la suficiente intensidad como para convertirla en energía dinámica, la conciencia de la historia constituye una de las fuerzas más grandes cuyo benéfico llamamiento debe dejarse sentir”.
A su vez, Ángel Lambordi en su artículo “la locura y el poder” manifiesta:
“En la muchas patologías que genera el poder, una de las más peligrosas y de funestas consecuencias es la idolatría del amo del poder. Reminiscencia de tiempos arcaicos y primitivos, cuando los reyes y emperadores eran considerados y tratados como dioses.
En nuestra época este culto al “jefe” resulta absolutamente irracional y alienante, de allí que los alemanes pagaron bien caro su juramento de lealtad al Führer y muchos españoles se rebajaron a sí mismos con aquello de considerar a Franco como caudillo por la voluntad de Dios.
Utilizar términos como mesías y Dios para referirse a seres humanos, demasiado humanos como diría Nietzsche, o es una broma o verdadera locura y la historia enseña que cuando la locura se apodera de una sociedad todos pagamos las consecuencias en sacrificio y dolor. Alemania y el mundo sacrificó 50 millones de víctimas en la II Guerra Mundial, además de los infinitos sufrimientos inflingidos por el nazismo. España tuvo que soportar una guerra civil y una larga dictadura.
¿Estamos conscientes de lo que significa esta locura de confundir a un hombre con un mesías, con un Dios o con un monarca absoluto?”
|
|