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Editorial
Entre suspicacias y perspicacias

 

Hernán Padilla
Hernán Padilla

En el país de las suspicacias, la gripe AH1N1 que afecta al presidente Uribe por estos días –si hacemos caso a los voceros de la Casa de Nariño– es apenas una cortina de humo –según algunos de sus detractores– para ocultar el nuevo escándalo que se avecina por las nuevas chuzadas del DAS –que dicen otros– no han terminado pese a los recientes episodios ocurridos en ese mismo sentido. Pero también hay voces que señalan que el virus que afecta al primer mandatario no es más que un montaje para ganarse la “compasión” de quienes se han empeñado en que su propuesta de referendo se quede en la Cámara, frenando de esa manera sus aspiraciones a una segunda reelección. Para completar, no faltan los que sostienen que la influenza que lo tiene en cama es el resultado de un muy bien planeado complot de los presidentes de la Unasur –especialmente de Chávez, Correa y Morales– para terminar por esa vía con el peor obstáculo que se les atravesó en sus planes expansionistas de una revolución bolivariana que pretende apoderarse de toda esta parte del continente.
Parece ficción, pero lo peor de todo es que como siempre ocurre en este país, nunca conoceremos la verdad. ¿Quizá un nuevo falso positivo? ¿A lo mejor una exagerada arremetida de la oposición? ¿Un buen chiste como para Sábados Felices? No lo sabemos y no lo sabremos jamás. En efecto, podría tratarse simplemente de suspicacias pero también de perspicacias, esas mismas con las que pretenden envolatarnos la verdad de la nueva masacre contra los pueblos indígenas ocurrida recientemente en el departamento de Nariño o el trasfondo de las bases norteamericanas en nuestro país o tantos y tantos otros sucesos, en su mayoría trágicos, dolorosos e indignantes que parecen ocurrir únicamente en Colombia. Sea cual fuere el caso y asumiendo que la gripe de Uribe es cierta, le auguramos una pronta recuperación, puesto que el mal que no queremos para nosotros no se lo debemos desear a los demás. Lo que sí esperamos fervientemente es que esta patria logre salir del atolladero en que parece hundirse cada vez más y que un día no muy lejano despertemos con noticias más amables y positivas.
A propósito de noticias ambles y positivas, que en Colombia son escasas, felicitamos al alcalde Samuel Moreno Rojas, quien se salió con las suyas. La primera línea del metro cuya construcción se iniciará en el año 2011 y cuyo recorrido fue dado a conocer en estos días, tiene muy contentos a los bogotanos. ¡Por fin! Pero lo mejor de todo es que con el metro ganaremos no sólo en movilidad: también en calidad de vida, porque eso implica sacar de circulación una gran cantidad de buses que no hacen otra cosa que contaminar la ciudad. Además, el proyecto permitirá recuperar importantes zonas históricas, culturales y paisajísticas ocultas y abandonadas. De a poquitos, de a poquitos, pero ahí va nuestro alcalde, que entre otras se le volvió a meter a Uribe a la Casa de Nariño. Dicen los entendidos que va dos a cero. Aun cuando aquí lo verdaderamente importante no es el marcador sino que tanto el Distrito como la Nación se metan la mano al dril por Bogotá, al fin y al cabo esta es capital de la república y sede del Gobierno que la rige. En su momento, Gaviria hizo próspera a Pereira. Uribe ha embellecido y traído aún más desarrollo a Medellín, pero ya es hora de que un presidente se acuerde de Bogotá. Al parecer, Uribe acaba de dar los primeros pasos, claro, gracias a Samuel.


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