| Por qué no a la reelección. |

Hernán Padilla |
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Aunque no lo ha confesado, quién sabe por qué propósitos inconfesables, el Presidente Álvaro Uribe está buscando por todos los caminos, utilizando todas las habilidades, estrategias
y subterfugios, su segunda reelección; prevalido de una relativa favorabilidad en las encuestas y su aureola de líder indiscutible en el escenario político colombiano.
Con Álvaro Uribe se puede estar de acuerdo, o no. Y desde estas páginas hemos estado en una u otra posición. Nadie puede negar su conocimiento a fondo del país, su formación de estadista y su sobresaliente inteligencia.
Tampoco que ha ha utilizado estas condiciones, no solo para gobernar y aplicar algunas de sus propuestas de campaña
desde la jefatura del Estado, sino también para ir minando a sus contradictores, minimizando a sus potenciales rivales, y desconceptualizando a sus opositores, hasta erigirse ante la opinión casi como una alternativa única de supervivencia.
Y ahí es donde no estamos de acuerdo. En que se esté creando la sensación de que Uribe es un mesías infalible, y el país no tiene otras opciones. Y que lo único sano es reelegirlo porque solamente él puede sacar el país adelante.
Y que los demás, llámense Fajardo, Mockus, Gaviria, Santos, Noemí, Pardo, Piedad, Holguín Petro o Garzón, son eunucos mentales.
Álvaro Uribe propició, autorizó e inspiró, a nadie le quepa la menor duda, el referendo reeeleccionista que impulsó desde el partido de la U, su entonces Secretario General, el inefable y mañoso político manizalita Luis Guillermo Giraldo, recordado por la opinión como uno de los protagonistas
del “robo a Caldas”. El embeleco puso en las calles a centenares de fervorosos uribistas que salieron a pedir firmas para posibilitar la segunda reelección.
Quede claro entonces, que el partido de la U, es el partido
de bolsillo de Álvaro Uribe. Así le hubiera hecho el encargo de agruparlo a Juan Manuel Santos, por entonces recién llegado a las filas oficialistas. La U, es Uribe. Nació inspirado en su obra de gobierno. Su abrumadora campaña publicitaria de expectativa y lanzamiento para las elecciones
de 2.006, operó bajo esa formula . “El partido de la U, de Uribe, de Rodríguez, de Ocampo, de Velásquez…”
Por si algo faltara para confirmar el aserto, véase la forma
absolutista como determinó el ascenso de su exconsejero
de paz (¿o de guerra?) Luis Carlos Restrepo, a la Presidencia del partido, dejando tendidos en el césped al mismísimo Juan Manuel Santos, que desde esa trinchera
política aspiraba a impulsar su propia candidatura, y a un candidato de origen congresional, Aurelio Iragorri Hormaza, según cuentan, que estaba listo para asumir tal responsabilidad.
Uribe impuso a Restrepo de un telefonazo, y ya comenzó a hablar de un “Congreso de excelencia”, al cual llevaría a otros de sus alfiles (José Obdulio Gaviria y el propio Restrepo
entre ellos) con los cuales, no quepa duda, aspira a montar más que un batallón, una brigada de defensores del gobierno, de su tercer gobierno, en el Congreso del 2.010.
Por encima de candidaturas y candidatos que él mismo ha lanzado sagazmente para luego reducirlas a su más mínima
expresión, bien asfixiándolas burocráticamente como en el caso de Germán Vargas Lleras, o condicionándolas de antemano a la suerte del referendo, como el caso de Andrés Arias. O desconceptuálizandolas como en el caso de Rodrigo Rivera, quién parece haberse quedado sin el liberalismo y sin el uribismo, cuando parecía tenerlos a ambos de su lado. Uribe es su propio candidato. ¡Y está en campaña!
Poco le importa llevarse de un tajo la institucionalidad, coartar el juego democrático y oxigenar el poder. Esos son argumentos académicos que el sabe utilizar a conveniencia,
a su debido momento y para sus propios fines; pero que no le preocupan cuando se esgrimen para oponerse a su reelección y vienen de otras voces, así hayan sido sus más leales servidores, como Fabio Echeverri Correa, o Marta lucia Ramírez, ayer su Consejero Presidencial el primero y su Ministra de Defensa, la segunda. O cuando proceden de comentaristas de opinión, serios y calificados.
Uribe está tratando de imponer el referendo reeleccionista
en el Congreso, con una estrategia de compraventa de puestos cada vez menos disimulada, según lo registra la prensa. Seguramente lo va lograr. Incluso es probable que, de llegar a esa instancia, la Corte Constitucional, reintegrada
con candidatos de la entraña uribista, encuentre legal la validez del referendo para el 2.010. Y que los electores puedan votar por el sí, o por el no.
Su principal escollo va a estar en las urnas. El país está cansado del estilo de gobierno de Uribe, que lo mantiene en un estado de crispación permanente. Está comenzando
a percibir las contradicciones e inconsistencias de un régimen, cuya popularidad, así pretenda ocultarse, va en descenso. Cada vez son más las voces que piden un nuevo
aire, un nuevo liderazgo
más imaginativo y lúcido para enfrentar la crisis económica que llegó inevitablemente a nuestras puertas.
Pero además porque es un hecho que las condiciones
sociales no son las mismas del 2.002, ni las mismas del 2.006. ¡A todas luces, son peores!
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