¿Quiénes están detrás de las pirámides?
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Hernán Padilla. |
Sin lugar a dudas, los directos responsables serían los faraones de la banca colombiana, con el firme propósito de aniquilar al monstruo de siete cabezas en que se les convirtió el grupo DMG, al que era preciso exterminar por representar una amenaza para el monopolio financiero del país. Al menos esa es la percepción que tienen muchos ciudadanos que no comen cuento.
Las escenas que hemos visto en los últimos días en los noticieros de televisión, resultan verdaderamente tristes. Es una pena que miles de colombianos hayan depositado su confianza, sus ahorros y en algunos casos su patrimonio en una serie de ‘empresas’ que aparecieron y se multiplicaron de manera inexplicable en el último año, bajo el cómplice silencio del Gobierno nacional, y que se vinieron a pique repentinamente y al mismo tiempo, arrasando con las ilusiones de sus ingenuos clientes, conduciéndolos en muchos casos a situaciones desesperadas y generando alarmantes alteraciones de orden público en decenas de ciudades, con asesinatos incluidos.
El tema despierta suspicacias. A la gente le cuesta trabajo creer las versiones oficiales que intentan emitir las autoridades y los órganos de control, sin ningún tipo de coherencia. El Presidente acusó a la Fiscalía. La Fiscalía al Presidente. Al otro día estaban de acuerdo. ¿Qué pasó? ¡Averígüelo Vargas! El Presidente se da golpes de pecho (en otra nación ya hubiera rodado su cabeza; bueno, aquí nuestro Presidente es inmaculado y ni los falsos positivos conseguirán moverlo tan siquiera un milímetro de su sillín). El superintendente renuncia, en el acostumbrado libreto. El ministro de Defensa y sus generales continúan aprovechando cualquier movida de catre para darse pantalla y para decir babosadas sin fundamento. Los periodistas de los grandes medios haciéndole el juego a los de siempre; al fin y al cabo son la misma cosa. Gossaín, endiosado y arrogante, sentenciando en sus editoriales que sus compatriotas son unos maleantes (¿será que no se dio cuenta que en la franja noticiosa de la mañana a su cargo en RCN hubo propaganda de DMG, invitando a sus oyentes a ser parte de esa empresa?), porque el que no ‘ahorra’ en la banca oficial se convierte en eso, o lo convierten en eso los periodistas vendepatria. Como quien dice, el mismo circo con los payasos de toda la vida.
Surgen entonces una serie de interrogantes, que se plantea la gente del común, la de a pie y la de TransMilenio, la que intenta ganarse la vida con el sudor de la frente, mientras otros se la ganan con el sudor de los demás –tipo banqueros, como lo señalamos en nuestra anterior edición-. Son preguntas de concurso, pero sin premio: ¿No se trata todo esto de un montaje? ¿De un doloroso montaje que le ha costado lágrimas de sangre a un amplio sector del pueblo colombiano? ¿Por qué se expandieron todas estas ‘empresas’ con una facilidad impresionante, sin que nadie lo advirtiera? ¿Por qué de repente, todas ellas y en todas las regiones del país, se caen una tras otra, en el término de apenas uno o dos días? ¿Por qué el Gobierno no actuó con prontitud si sospechaba que ello iba a ocurrir?
Y más: ¿Por qué esas empresas se encontraban en manos de personas sin ninguna formación profesional, de bajo perfil, que de la noche a la mañana se volvieron genios de las finanzas y la estafa, liderando empresas como DFRE (Dinero Fácil, Rápido y Efectivo)? ¿Acaso se trata de idiotas útiles, montados en esos cargos por los faraones de la banca tradicional? ¿Por qué en la mayoría de los casos aparece el dinero y ahora será depositado nuevamente en los bancos, según los anuncios oficiales?
Es difícil asegurarlo -y claro, como en todo lo que ocurre en este país, seguramente jamás se conocerá la verdad-, pero muy probablemente todo este doloroso episodio que está golpeando a los colombianos del montón -nuevamente en noviembre, como se volvió costumbre en los últimos noviembres-, es ni más ni menos que la jugada ‘casi’ maestra de la banca en sus hasta ahora intentos frustrados de acabar de una vez por todas con el hueso duro de roer en que se convirtió el grupo DMG, al que le estaban buscando el quiebre desde hace un par de años, simplemente porque ese grupo – al que se le han recibido impuestos por sus operaciones – se convirtió en la opción más atractiva para quienes están luchando no tanto para salir de pobres pero sí para ver que su dinerito les brinda el bienestar que la banca tradicional no les proporciona.
Y eso le duele a esa banca, a esos banqueros, acostumbrados a saquear con el aval del Gobierno a los incautos colombianos que se dieron cuenta que estaban metiendo la platica en el lugar equivocado, porque ahí se les desvanece al poco tiempo. ¿O es que acaso no es un robo todo lo que le tumban a los clientes, esos que pregonan la legalidad en la captación de fondos, pero que cobran hasta por pisar las instalaciones del banco?
¿O cómo se llama cuando a usted lo obligan a tener tres tarjetas por obtener un préstamo bancario? ¿O para un cupo de crédito asignado, otras tres? ¿O los famosos gastos de cobranza incluidos, claro está, los intereses de mora por no pagar en la fecha exacta? ¿O ponerle trabas cuando se quiere cancelar alguna tarjeta precisamente por esos abusos? ¿O no aceptar los reclamos a su debido tiempo, saliendo con evasivas, hasta que el cliente se mama? ¿Las cuotas de manejo cada vez más altas y periódicas? ¿No es esto un robo continuado? ¿O cuando le obligan a abrir una cuenta de ahorros para que una EPS le restituya algo o para que le paguen el sueldito y le retienen una cantidad chiquita o ínfima que ellos trabajan todo el tiempo (multiplique diez mil pesitos por cada cliente)? Eso para no detenernos en algo que ya hemos denunciado en este medio varias veces.
Aquí parece que hay gato encerrado (ve qué raro). Esta crisis generada por una serie de pirámides que nacen masivamente y se derrumban de la misma manera debe tener un trasfondo distinto al que los medios de comunicación tradicionales están tratando de venderle a la opinión pública. Esto tiene todos los visos de campaña orquestada, dirigida a aniquilar, como ya lo dijimos, al grupo DMG, que entre otras cosas ofrece ventajas más competitivas y definitivamente consideradas y honestas hacia sus afiliados. Por ejemplo, las tarjetas en prepago que ofrece el grupo son canceladas en su totalidad, no expira el saldo no consumido, como sí ocurre con las de telefonía celular (otro Imperio del Atraco), para mencionar apenas una de las enormes razones por la cuales la gente prefiere DMG. Es más, si usted adquiere una Tarjeta Prepago por una determinada cantidad de dinero en el grupo, al instante puede retirar los productos y los bienes o servicios comercializados, por el total del valor aportado, y al cabo de determinado tiempo recibe ingresos por su contrato publicitario según lo convenido con DMG, eso sí, una vez descontado su impuesto de Retención en la Fuente.
Si este realmente fuera un Estado preocupado por sus ciudadanos, en lugar de exterminar una empresa, que ofrece miles de empleos en Colombia y en otros países, más bien intentaría descubrir la fórmula mágica para aplicarla en su sistema económico y financiero, así no les convenga a los magnates dueños del país, los faraones de la banca nacional, quienes seguramente ahora seguirán en su parodia, con rimbombantes anuncios en los medios cómplices, diciendo que les van a ayudar a las víctimas de las pirámides a recuperar su dinero. Claro, con sus acostumbrados métodos chupasangre. ¡Qué horror!
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