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¡Apoyemos a Samuel!
Hernán Padilla
Hernán Padilla

Las medidas adoptadas por la Administración para contrarrestar el caos vehicular suscitaron reacciones encontradas entre la ciudadanía, en especial el Pico y Placa que se extiende a todo el día para particulares. Pero, pese a la andanada de críticas por parte de algunos sectores, esa es -gústenos o no- la única salida viable, por lo menos en el futuro inmediato.
No hay otra alternativa, porque como bien lo ha dicho el secretario de Movilidad del Distrito, Fernando Álvarez Morales, “mientras se adoptan soluciones estructurales de fondo, las cuales además son complejas, costosas y toman bastante tiempo, debemos actuar con rapidez, con medidas coyunturales de alto impacto y de resultado inmediato”.
Es que de otra manera, la ciudad se va a reventar. Las nuevas obras, el incremento en los tiempos de viaje y la estrecha capacidad de las vías para soportar el alto número de vehículos, más de 1’324.000 particulares y más de 100.000 públicos, no permiten pañitos de agua tibia.
Por obvias razones, es imposible contar con el metro en el corto plazo o con nuevas líneas de TransMilenio y menos aún ensanchar las vías de la noche a la mañana, como pretenden algunos críticos.
Lo que parecen olvidar muchos es que este y otros tantos males que padece Bogotá fueron heredados por el Alcalde Samuel, a quien no se le puede achacar lo que hicieron o dejaron de hacer algunos de sus antecesores, que permitieron que la ciudad creciera desordenadamente y toleraron prácticas non santas que desde hace tiempo tienen sumida a la capital de la República en un caos que esta administración está intentando resolver y que le ha tocado asumir sola, porque no vemos la participación de la Nación por ningún lado.
Al contrario; recordemos por ejemplo que, sin corresponderle, el Alcalde ha tenido que enfrentar varias de las crisis generadas por el Estado -quien se ha hecho el de las gafas-, como el abandono de la población desplazada –día a día en aumento-; los dramas sociales suscitados por la famosa planilla Pila; el incremento de la inseguridad, gracias al desempleo y a la guerra que se libra en el país; y la turbulencia financiera derivada de las decisiones irresponsables del presidente Uribe frente al caso de las llamadas pirámides y de la organización DMG, que entre otras cosas afectará de manera severa el recaudo de cesantías a partir de este año, según lo han reconocido analistas del propio Gobierno.
A ello le debemos sumar las campañas sistemáticas de desinformación que abiertamente adelanta la gran prensa en contra de la administración distrital, articuladas desde la Casa de Nariño, que nunca ha visto con buenos ojos al alcalde Samuel, al que pretendió inculpar de terrorista, por el hecho de pertenecer a un partido de oposición que obviamente no comulga con las prácticas uribistas.
Misma postura esa que condujo al ministro de la Defensa a pretender apoderarse arbitrariamente de los consejos de seguridad que de forma rutinaria se llevan a cabo en las 20 localidades de Bogotá, promovidos por la Alcaldía Mayor.
Es obvio que el fracaso de dicha actitud golpista endureció aún más la actitud del gobierno central hacia la capital de la República y sus habitantes, incrementándose con ello los sonados casos de falsos positivos y emprendiéndose además una campaña de desprestigio hacia las diferentes secretarías que conforman la administración distrital.
Todo lo cual nos conduce a apoyar de manera irrestricta a nuestro Alcalde, quien fue elegido de manera abrumadora, en una visible demostración de que pese a los esfuerzos presidenciales por pretender demostrarle al mundo que esta es una nación mayoritariamente uribista, existe un sector que le apuesta a la paz y a la democracia por la vía del diálogo y no del conflicto.


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